Cada mañana Kiko saltaba de la cama y corría directo a desayunar.
La manta se quedaba hecha una bola y la almohada solía acabar en el suelo.
Entonces vino a casa la abuela Búho. Cada mañana, lo primero que hacía era su cama: subir la manta, ahuecar la almohada y alisarlo todo.
—¿Por qué lo haces todos los días? —preguntó Kiko. —Es mi primera tarea del día —dijo la abuela—. Cuando ya está hecha, ya he hecho algo bueno.
A la mañana siguiente, Kiko lo intentó. Subir la manta hasta arriba. Quitar las arrugas. Poner la almohada en su sitio.
¡Solo tardó un minuto! Se apartó un poco para mirar. Todo su cuarto parecía más bonito.
Esa noche, cuando Kiko se metió en la cama, las sábanas estaban lisas, calentitas y listas para él.
—Buenas noches, cama —susurró—. Gracias por esperarme. Y desde entonces, Kiko hace su cama todas las mañanas.
Lo que aprendió Kiko
Hacer la cama lleva un minuto y empiezas el día con algo hecho. Por la noche, tu cama te espera calentita y lista.
Para hablar
- ¿Cuál era la primera tarea de la abuela Búho cada mañana?
- ¿Cuánto tardó Kiko en hacer su cama?
- ¿Cómo estaba la cama de Kiko por la noche?
Pruébalo esta semana
Haz tu cama cada mañana esta semana y colorea una estrella cada vez.
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