—Estoy demasiado cansado para lavarme los dientes —dijo Kiko, bostezando.
Mamá sonrió. —¿Sabías que, después de comer, se quedan en los dientes unos bichitos del azúcar? Si los dejamos toda la noche, hacen agujeritos.
¡Kiko no quería agujeros en los dientes! Puso en el cepillo un poquito de pasta, del tamaño de un guisante.
Mamá puso el reloj: dos minutos.
Los dientes de arriba, en círculos. Los de abajo, en círculos. Las muelas del fondo, donde a los bichitos les encanta esconderse. Y los de delante: ¡sonrisa grande!
Escupe la pasta y no te la tragues.
Kiko se miró en el espejo y puso una sonrisa enorme y brillante. —¡Adiós, bichitos del azúcar!
Ahora Kiko se lava los dientes cada mañana y cada noche, y los tiene fuertes y brillantes.
Lo que aprendió Kiko
Lávate los dientes por la mañana y por la noche, dos minutos, hasta las muelas del fondo. Los dientes limpios se mantienen fuertes.
Para hablar
- ¿Por qué Kiko no quería lavarse los dientes?
- ¿Cuánto tiempo se los lavó?
- ¿Dónde les gusta esconderse a los bichitos del azúcar?
Pruébalo esta semana
Lávate los dientes mañana y noche durante dos minutos. Colorea media estrella cada vez.
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